Allá por el año 92/93, la marca de champú Vidal Sassoon regalaba a modo de pomoción, un reloj de pulsera al comprar sus productos. Como era el champú que usabamos en casa, llegué a coleccionar en un cajón del aparador hasta cinco relojes. Eran de esos relojes de plástico o goma, negros, digitales, con posibilidad de activar una alarma y bastante grandes. A mis hijas no les gustaba y mi hijo ya tenía uno de esos que eran la última moda y tenían hasta calculadora. El caso es que fue pasando el tiempo y los relojes se iban parando, sin duda por haberse agotado la pila. Cuando falló el primero intente abrirlo para cambiarle la pila pero era imposible. Eran relojes de usar y tirar y estaba soldados con la pila dentro. Así que los fui tirando a la basura de reciclar a medida que se iban quedando tiesos. Sólo uno de ellos resistía. En una limpieza general del aparador le estuve poniendo en hora y sin querer, active la alarma a las diez de la noche. Desde ese momento, el reloj se hacía sentir a esa hora todos los días.
Han pasado 18 años y una mudanza y el reloj, al que nunca he cambiado la pila, sigue haciéndose notar todas las noches desde el fondo del cajón entre las servilletas de vestir y los manteles de visita. Solo ha atrasado 9 minutos- ¿No es mucha vida para una pila de botón? ¿Se recargará con la calma de mi casa? ¿Estará poseído por alguna extraña entidad? ¿Debo llamar al libro Guinness de los records?
Un saludo