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Blogparade - 13 cosas que echaré de menos cuando me vaya de Alemania (¡si es que me voy!)

Ya sabéis que yo las listas las hago de 13 en 13, que bien sea por herencia familiar, por llevar la contraria o porque me da la gana, el 13 me gusta y punto. Así que voy a intentar no enrollarme mucho, para que nadie se me duerma por el camino.

Pero a lo que iba.

Los que me conocen saben que me encanta España, pero soy muy fan de Alemania y los alemanes y siempre digo que si consigo que mis hijos se lleven lo mejor de los dos sitios, habré hecho algo bien. Porque la espontaneidad española no tiene por qué chocar con la seriedad alemana. Y por eso sé que el día que me vaya de aquí, habrá un montón de cosas que echaré de menos, (seguramente más de 13).

Y así me uno al blogparade que Marta Modi, del blog La Libreta Roja, propuso hace unas semanas a todos los bloggeros hispanohablantes de Alemania que se quisieran unir (el plazo es hasta el 30/11, si a alguien le apetece).

1. El adviento en general...

... y los mercadillos de Navidad en particular.

La primera vez que visité Alemania fue Hamburgo, en diciembre y su mercadillo de Navidad me hizo tal impresión, que años después me escapé un fin de semana de diciembre a Munich con George y creo que no nos dejamos ni un mercadillo sin visitar. Si llego a saber que iba a terminar viviendo aquí, seguramente me lo habría tomado con más calma!

Y es que el ambiente de los mercadillos es muy especial, el frío, la oscuridad, los villancicos, el olorcico a comida rica y por supuesto, el Glühwein, que me encanta y que sin frío no sabe igual.

Pero es que en el Adviento alemán hay un montón de tradiciones que como buenos expatriados hemos ido incorporando a las nuestras, como encender una vela cada domingo de Adviento o recibir a St. Nikolaus el 6 de diciembre.

Residenz


2. La seguridad y el civismo

No tanto en lo que respecta a dejarte el coche abierto con el bolso dentro, que también, si no a la tranquilidad de que los niños puedan ir solos por la calle, al colegio, porque es lo que hacen todos y se vigilan unos a otros, el saber que en Alemania en general las normas se cumplen, lo cual facilita mucho la convivencia, que no es que sean cuadriculados (que lo son), es que son civilizados, y que por eso, las cosas en general funcionan (aunque seguro que más piensa que los tengo idealizados, y quizás tenga razón).

3. La Wiesn

Lo dice la misma que no se bebía ni una caña y que a Dios puso por testigo de que jamás se compraría un Dirndl y tardó 6 meses en comprarse el primero. Pues que sepáis que si me fuera de Alemania me veo desplazándome desde cualquier esquina del mundo con tal de subirme a la mesa al grito de "Ein Prosit" y con mi Maß en la mano, que una vez al año no hace daño. Si eso no es integrarse, ¡que venga Dios y lo vea!

Flying chairs

4. Las estaciones

Sobre todo, el otoño y especialmente el mes de octubre que es el mes más bonito y con mejor tiempo para hacer turismo en Munich. Porque además de gustarme el 13, otra rareza que tengo es que me encanta el invierno, el frío y la nieve (y eso que desgraciaramente casi no sé esquiar). No me importa que llueva (de vez en cuando) ni me afectan los días grises (siempre que de vez en cuando salga el sol). Eso no quiere decir que el invierno no se me eternice o que no se me caiga el alma a los pies cuando volvemos del verano español a Mordor, que una es rara, ¡pero es humana!. Me encanta ver pasar las estaciones y tampoco es ningún secreto que, entre vivir un país tropical con temperatura constante y las cuatro estaciones de Munich, yo me quedo sin dudarlo en Munich.

_DSC4707-Litel Pipol


5. El pan

Cuando George se trasladó a Munich y yo me quedé con los niños en Madrid, los fines de semana que volvía a vernos venía literalmente con un pan (de encargo) debajo del brazo. Con eso lo digo tó.

6. Estar cerca de todo

Las distancias se hacen relativas cuando tienes la frontera austriaca a poco más de una hora de tu casa, Viena y Praga a algo más de cuatro o Venecia a unas cinco. Por no hablar de la cantidad de pueblos idílicos, conocidos y no tan conocidos, que están a distancia de excursión de un día. Hay tantos sitios a los que ir en coche, que para qué pagar billetes de avión! Hasta a Cádiz hemos ido en coche desde Munich, aunque eso fueron palabras mayores.




7. El idioma

Nooo, no me he vuelto loca! Echaría de menos el idioma porque por desgracia estoy segura de que me vaya cuando me vaya, seguiré liándome con el género de las palabras y jurando por las preposiciones. Como decía uno de mis clientes, el alemán (para mi desgracia) es un idioma infinito. Y a ver quien lo mantiene fuera de Alemania.
8. Poder ir en bici a todas partes

Y eso que yo no tengo bici, la vendí hace un par de años en vista de lo poco que la usaba (vivimos en lo alto de una colina)... pero eso va a cambiar, porque en unos meses nos mudamos al downtown (de Starnberg) y ahora sí, a Dios pongo por testigo (otra vez) de que el coche solo lo voy a usar para cuando no tenga más remedio.
9. Las tradiciones

Ahí donde los veis, los alemanes son muy tradicionales, no solo en Adviento y Navidad, también tienen sus costumbres por Carnaval, Semana Santa y festividades varias. Muchas veces es con motivo de festividades religiosas, pero no siempre, porque cualquier excusa es buena para sacar los bancos y los barriles de cerveza a la calle y montar una fiesta popular. Y es que los alemanes cuando quieren, también se saben desmelenar (ver punto 3).
10. Mi lago. Los lagos.

Creo que esta se autoexplica, ¿no? Esta vista es imbatible.

Starnbergersee

11. Lo prácticos que son los alemanes

Y es que si espero llevarme algo de aquí, es lo directos que son, que no se andan con rodeos y se ahorran tiempo y malentendidos. ¿Que hay que pedir un favor? Pues se pide. ¿Que el favor no se puede hacer? Pues se dice que no y no pasa nada. ¿Que vas a recoger al niño a casa del amigo y te invitan a un café (o a un vinito, según la hora)? Pues es que quieren que pases, no lo dicen por decir. Te dicen "te llamo" y van y te llaman. Y claro, te ahorras un montón de malentendidos y de "ya veremos" que no llevan a ninguna parte. Y eso de "pagan juntos o por separado" y que digan "por separado" y nadie se ponga colorado y el camarero vaya uno por uno cobrando... eso me encanta.



12. La educación

Una de las cosas que más me sorprendió al llegar aquí fue la educación de la gente en general: desde el "que tenga usted un buen día" del cajero del supermercado hasta el "querida Ana (...) saludos cariñosos" con el que abren y cierran los Whatsapps. No sé si es que no me lo esperaba o que en España me marcaron los conductores de autobús que no daban ni los buenos días, el caso es que al contrario de lo que piensa mucha gente, tras esa fama de cuadriculados, los alemanes (muchos de ellos) son muy educados y algunos, hasta cariñosos.
13. El Tchibo

En Munich no hay Tiger, pero tenemos el Tchibo, que es un mix entre tienda de café, cafetería y tienda de ofertas semanales al estilo Lidl, pero en mejor calidad. Todas las semanas cambian el tema, así que cuando vas, no sabes qué te vas a encontrar. Decoración navideña, material de oficina, ropa de invierno, de verano, de otoño, cosas para el coche, cacharros de limpieza... todo tiene cabida en su semana correspondiente. Y además, venden café, y si quieres, te lo puedes tomar ahí mismo.

Por descontado, también echaré (echaría) de menos a mis amigos, igual que aquí echo de menos a mi familia y amigos españoles. Pero también los echaría de menos si me fuera a vivir a Berlín, igual que echaría de menos a mi familia si en vez de en Munich viviera en La Coruña. Se me entiende, ¿no?

En definitiva, en Alemania me siento como en casa, y aunque hay cosas que me encantaría perder de vista (como que en invierno a las 17h es noche cerrada o que la fruta no sabe a nada!), el día que me vaya, si llega, se me partirá un poquito el corazón.


Fuente: este post proviene de Mami, ya es de día, donde puedes consultar el contenido original.
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Etiquetas: alemanadas

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