El trabajo en el campo de las finanzas y en el campo de la emprendeduría, requiere mucha dedicación. Sería ilógico y poco consecuente negar la mayor e indicar ahora que emprender es igual a un trabajo 9 to 5, o que el trabajo de un gestor financiero acaba al momento que suena la campana de cierre de mercados. No es ni mucho menos así.
Pero lo que sí es cierto y sí debe ser norma es que ningún trabajo del mundo debe ocuparte el 100% de tu tiempo: puede haber picos, puedes necesitar días de más de 24 horas en ocasiones, sobre todo cuando se arranca un proyecto, viajes largos, noches largas, pero aún así, nunca debemos olvidar que nuestro mejor proyecto es siempre la familia entre otras tantas cosas que tienen más importancia que el trabajo, como nuestras aficiones o disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Como ocurre con los profesionales, estos proyectos se hunden si no se atienden debidamente. Nada tiene sentido sin la familia, todo carecería de valor.
Ahora bien, el discurso lo tenemos claro pero, ¿cómo conciliar?, ¿cómo sacar tiempo de donde, aparentemente, no lo hay?
Sustituye el “ahora no” por el “en un momento”: hubo unos años en los que la carga de trabajo me podía y tuve que decir que no a muchos planes de los que ahora me arrepiento no haber hecho al momento. Desde entonces he aprendido que si realmente queremos o nos gusta hacer algo, no debemos dejarlo caer en el olvido y, como si de una tarea laboral más se tratara, simplemente tenemos que buscarle un hueco lo más inmediatamente posible que podamos.
Une pasiones y aficiones: nunca, absolutamente nunca me pesa pasar tiempo con los míos, pero sí que tengo un truquito infalible para que ese tiempo me sirva no sólo para demostrarles lo mucho que les quiero, sino también para eliminar todo rastro de estrés que un trabajo intenso pueda acarrearme. No es otro que buscar aficiones comunes que me sirvan también para desconectar y para tener tiempo para mí. En mi caso lo tengo fácil: reunirnos a ver los partidos del Nacional (cuando el horario lo permite) o del Barca.
Aprende a decir de vez en cuanto “basta” al trabajo: en este sector, y yo me considero uno de ellos, abundan los “workaholics”, los que en ocasiones podemos llegar a confundir pasión y profesionalidad con obsesión y compulsividad. Este es un balance muy delicado, porque es muy fácil caer en “workaholismo”; ya que cuanto mas trabajes, mas cosas van a salir mas adelante, mas rápido; pero dejarte arrastrar en esta lógica puede ser no solo nefasta para la familia, sino también para la salud.
Siempre cumplo con mi trabajo, y pase lo que pase, aunque no disponga del tiempo inmediato, acabo una tarea y como debe ser: en perfecto estado de ejecución (ya que sino doy el ejemplo yo, luego nadie en la organización lo va a dar). Lo que sí que con el tiempo consiento menos es que esa tarea abarque mucho más de lo que debe, y si ese “lo que debe”, conlleva restar horas de sueño o descuidar mínimamente aspectos de mi vida personal, lo siento pero se tendrá que hacer esperar su resolución.
Este caso lo asemejo cuando me dedicaba únicamente al trabajo de creador de brókers: ¿no les ha pasado que, sobre todo en los comienzos, invierten en un mercado en el que tienen puesta muchas perspectivas, ven como se hunde y en vez de retirada a tiempo y a otra cosa, seguimos a la espera que reflote? Pues esto mismo ocurre con los trabajos y las tareas absorbentes. Pensamos que por trabajar más horas en una ocasión ya bastará, pero esas horas de más se multiplicarán y multiplicarán si no le pones freno por lo que, ¡a frenar cuando toca!
Intenta no hacer algo con desgana, y si lo haces, tiene que quedar igual que cuando estas con toda la energía: ya sea trabajo, ya sea una tarea del hogar, ya sea atender a nuestros seres queridos… La vida es entusiasmo y nada nos lo debe quitar. Si algo nos lo quita, al igual es que no es el momento, por lo que antes de hacerlo mal o que resulte improductivo, se aparca y hasta que se pueda realizar con cabeza y como mejor salen las cosas, con cariño.
Resiliencia y asertividad: quisiera terminar con dos conceptos que, pese a no ser muy fan de la filosofía de mercadillo, me han encantado y resumen lo que todo trabajo y toda dedicación: tenemos que ser más asertivos y más resilientes. ¿A qué me refiero?
Ser asertivo tiene que ver con lo que indicaba del ¡basta! pero sin tener la necesidad de llegar al nivel de pronunciarlo con radicalidad. Ser asertivo es ser capaces de decir no, pero no por el simple hecho de no querer abordar una situación o tarea, sino porque por las circunstancias, es material y psicológicamente imposible que lo abordemos.
Pero ojo, la asertividad también contempla que ese NO venga de razonamientos y de soluciones para que no sea una simple manera de escapar de una situación que no queremos abordar. Ser asertivo es ser consecuente, ser resolutivo y en definitiva, crecer como persona.
En cuanto a la resiliencia, hace referencia a la capacidad de superar situaciones traumáticas, aunque en el día a día no hace falta acudir a la tragicomedia para resultar resilientes: basta con que ante una situación negativa o que nos produzca estrés, seamos capaces cuando toca de pasar página y no permitir jamás que nos afecte en nuestras rutinas.
Con estos consejos no sé si seremos capaces de sacar más horas al día quienes las necesitamos, pero lo que sí estoy seguro es que cada una de ellas las exprimiremos al máximo y sabremos cómo disfrutarlas.
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